Ciudades amazónicas reveladas por láser
Durante casi un siglo la arqueología sostuvo que la selva no admitía ciudades, y tenía una prueba que parecía definitiva: nadie había encontrado nunca ruina alguna. La prueba tenía un defecto — dependía de que alguien lograra ver el suelo.
- Dónde
- Upano · Mojos · Acre · Xingu
- Período
- c. 500 a. C. – 1400 d. C.
- Técnica
- Lidar aerotransportado
- Cuenca barrida
- < 1%
- Estructuras proyectadas
- 24–30 mil en el suroeste (432 cartografiadas en vuelo)
- Estado
- Prospección en curso
En 1542, una tripulación hambrienta bajaba por un río que no sabía nombrar. Francisco de Orellana había salido de Quito en busca de canela y oro, se había separado de la expedición principal y ahora seguía la corriente porque volver contra ella era imposible. Fray Gaspar de Carvajal iba a bordo, escribiendo. Y lo que describió en aquellas páginas no fue selva vacía. Fue una ribera poblada durante leguas seguidas, aldeas pegadas unas a otras, caminos que entraban tierra adentro, cerámica fina, demasiada gente para contarla.
El relato de Carvajal se leyó durante cuatrocientos años como lo que parecía ser: exageración de náufrago. Había motivos para desconfiar — el mismo texto describe mujeres guerreras, y de ellas vino el nombre del río. Si el cronista inventó a las amazonas, ¿por qué creer en el resto?
Cuando los europeos volvieron en número, un siglo después, ya no había nada parecido a aquello. La viruela y el sarampión habían llegado antes que ellos, subiendo por los ríos más rápido que cualquier expedición. Lo que encontraron fueron grupos pequeños y dispersos, exactamente como la teoría preveía. La ausencia se convirtió en prueba.
01El paraíso ilusorio
La tesis tenía fundamento, y es importante decirlo antes de desmontarla. El suelo de la Amazonia es, en buena parte, pobre. La selva tropical guarda casi toda su reserva de nutrientes en la biomasa viva — en los propios árboles — y no en la tierra. Una vez talado un tramo y sembrada la primera chacra, el suelo se agota en pocos años. Es una limitación real, medida en campo, no un prejuicio.
En 1971, la arqueóloga estadounidense Betty Meggers dio a esa limitación un nombre que prendió: counterfeit paradise, el paraíso ilusorio, como lo tradujo la edición en español de su libro. La exuberancia de la selva engañaría al observador; debajo de ella habría un ambiente incapaz de sostener poblaciones densas. Y de un ambiente así se derivaría lo demás — grupos pequeños, móviles, sin jerarquía estable, sin monumentos.
El modelo dominó la arqueología amazónica durante décadas. Explicaba los datos disponibles, y los datos disponibles eran, en gran parte, la ausencia de hallazgos. El problema es que esa ausencia tenía una causa trivial que nadie ponderaba: bajo el dosel cerrado, la visibilidad en el suelo es de pocos metros. Es perfectamente posible atravesar una plaza de tierra apisonada y anotar en el cuaderno que se subió una loma.
Los europeos buscaban piedra, porque piedra era lo que ellos llamaban civilización.
02El láser que atraviesa el árbol
El instrumento que cambió la cuenta se llama lidar, y el principio cabe en dos frases. Una aeronave vuela bajo y dispara cientos de miles de pulsos láser por segundo contra el suelo, registrando cuánto tarda cada uno en volver. La copa de un árbol no es una pared: es un colador. La mayoría de los pulsos choca con hojas, pero una fracción se cuela por los huecos, toca el suelo y regresa.
Lo demás es procesamiento. El programa recibe millones de retornos, descarta los que volvieron de la vegetación y conserva solo el último eco de cada pulso — el que vino del punto más bajo. Con eso se arma un modelo digital del terreno: la superficie del suelo, sin selva encima.
Nada en este método es exótico. El lidar se usa desde hace décadas en ingeniería y cartografía. Lo que cambió fue el costo del vuelo y la capacidad de procesar el volumen de datos — y, sobre todo, que alguien decidiera apuntar el equipo hacia tramos de selva que la teoría decía vacíos.
03El valle del Upano
El 12 de enero de 2024, la revista Science publicó el resultado de una de esas prospecciones sobre el valle del río Upano, al pie oriental de los Andes ecuatorianos, provincia de Morona Santiago. El equipo lo dirigía el arqueólogo francés Stéphen Rostain, que ya trabajaba en la región desde hacía más de veinte años — excavando, de hecho, algunas de aquellas plataformas sin poder ver el conjunto del que formaban parte.
El modelo del terreno mostró unas seis mil plataformas de tierra distribuidas en aproximadamente 300 km². No son elevaciones naturales: son rectángulos regulares, en promedio de 20 por 10 metros de superficie y de dos a tres metros de altura, construidos con tierra transportada y apisonada. Sobre cada uno había una construcción de madera y paja que el clima borró; la plataforma quedó.
No están dispersas al azar. Se agrupan en conjuntos alrededor de patios cuadrados, y los conjuntos se suman en barrios. Una de las plataformas excavadas en Kilamope mide 140 por 40 metros, dimensión que no se explica como vivienda familiar. La ocupación va de cerca del 500 a. C. al intervalo entre 300 y 600 d. C.
Las calles que no se tuercen
Lo que más desestabilizó la lectura anterior, sin embargo, no fueron las plataformas. Fueron las vías. La prospección reveló caminos excavados en el terreno, con bordes elevados, los mayores de unos diez metros de ancho — algunos de hasta trece — y longitudes de diez a veinte kilómetros. Los grandes ejes corren en línea recta, y uno de ellos se extiende por unos 25 kilómetros.
Vale la pena detenerse en ese detalle, porque es el que carga el argumento. Un sendero de caza se tuerce: rodea el afloramiento, esquiva el árbol grueso, sigue el hilo de agua. Una vía recta durante kilómetros y kilómetros no rodea nada — atraviesa.
De ahí se derivan tres cosas, y ninguna es pequeña: alguien definió el trazado antes de abrir el primer metro; alguien tenía autoridad suficiente para decidir por dónde pasaría, incluso sobre terreno ajeno; y alguien logró reunir y sostener mano de obra para cavar. Trazado, autoridad y trabajo coordinado son, juntos, la definición mínima de organización política.
04Las pirámides que son de tierra
Casi dos años antes, en mayo de 2022, Nature había publicado una prospección equivalente sobre los Llanos de Mojos, llanura inundable del norte de Bolivia. El equipo, dirigido por el arqueólogo alemán Heiko Prümers, del Instituto Arqueológico Alemán, con Carla Jaimes Betancourt, de la Universidad de Bonn, cartografió 200 km² del área ocupada por la cultura Casarabe, que floreció aproximadamente entre el 500 y el 1400 d. C.
Aparecieron dos asentamientos grandes, Cotoca y Landívar. Cotoca ocupa unas 315 hectáreas, con una extensión de un kilómetro y medio en sentido norte-sur. En el centro, una plataforma escalonada de tierra con una estructura cónica en la cima: del suelo al punto más alto, 22 metros — un edificio de siete pisos, hecho de tierra acarreada. Alrededor, cercos en anillos concéntricos; saliendo de ella, calzadas elevadas que cruzan la llanura inundada en línea recta, y canales para mover agua y canoas.
Por qué nadie lo vio antes
La pregunta es inevitable: ¿cómo queda escondido algo de 22 metros? La respuesta está en el material. Una pirámide de piedra sigue siendo una pirámide de piedra — resiste, refleja la luz, aparece en el horizonte. Una pirámide de tierra, en clima tropical húmedo, es una loma. En pocos años está cubierta de pasto; en algunas décadas tiene árboles adultos encima; en cinco siglos es paisaje.
Súmese a eso el sesgo del observador. Quien llegó buscando mampostería anotó selva al pasar por encima de urbanismo. El error no fue de percepción, fue de categoría.
05La tierra que ellos fabricaron
Hay un segundo rastro, y no es monumental — está bajo los pies. Repartidos por la cuenca existen tramos de suelo oscuro, mucho más fértiles que la tierra de alrededor, que los ribereños llaman terra preta, tierra negra. No es una formación natural. Es residuo de ocupación humana: carbón, hueso, tiestos de cerámica, restos de comida y desechos, acumulados en el mismo lugar durante siglos hasta constituir un suelo nuevo.
Y aquí está el dato que desmonta el paraíso ilusorio sin negar su premisa. Esos tramos siguen siendo fértiles hasta hoy, siglos después de que quienes los produjeron desaparecieran. El carbón da al suelo una estructura que retiene nutrientes en lugar de dejar que la lluvia los lave.
Meggers no se equivocó al decir que el suelo amazónico era pobre. Se equivocó al suponer que las personas aceptarían el suelo tal como venía.
El argumento tiene un complemento vivo. Los estudios de composición forestal muestran que especies útiles para el ser humano — castaño de Brasil, cacao, asaí, pejibaye, entre otras — aparecen en concentraciones que el azar no explica, y justamente en las cercanías de sitios arqueológicos. En ciertas manchas, la densidad es demasiado alta para ser espontánea. Lo que se llama selva intacta es, en buena parte, un huerto de dos mil años que se quedó sin jardinero.
06Las teorías, de la más sobria a la más improbable
Urbanismo de baja densidad
Es la lectura que organiza prácticamente toda la literatura reciente. No se trata de ciudades compactas a la manera europea o mesoamericana: el patrón es de núcleos residenciales dispersos, con chacras, huertos y selva manejada entre ellos, articulados por caminos y organizados alrededor de plazas y montículos. El término no es una concesión — describe una forma urbana con reglas propias, documentada también en el Sudeste Asiático.
Una ciudad que se atraviesa a pie en media hora sin salir de ella y sin dejar nunca de ver árboles. No es una ciudad menor: es otra idea de lo que una ciudad es.
La memoria oral tenía razón, y no se la trató como fuente
En el Alto Xingu, el arqueólogo estadounidense Michael Heckenberger trabajó durante años con los kuikuro. Desde hacía generaciones ellos describían aldeas antiguas mayores que las actuales, unidas por caminos anchos y organizadas alrededor de plazas centrales. Aquello circulaba como tradición oral — narrativa respetable, sin valor probatorio.
Las excavaciones y el mapeo, publicados en Science en 2003 y 2008, encontraron en el suelo lo que se venía describiendo: conjuntos de aldeas, vías anchas, plazas. La información nunca estuvo perdida. La venía transmitiendo durante ese tiempo gente a la que el método no clasificaba como fuente.
Cuánta gente vivía allí
Es el punto más abierto del dossier. Para el Upano, uno de los coautores estimó al menos 10 mil personas, quizá 15 o 30 mil en el auge; otras lecturas difundidas en la prensa hablaron de decenas, si no cientos de miles. En julio de 2026, un estudio publicado en Nature por un equipo dirigido por Martti Pärssinen, con Risto Kalliola y Alceu Ranzi, combinó vuelos de lidar e imágenes satelitales sobre unos 183 mil km² del suroeste amazónico, con vuelos en Acre y en Amazonas. Detectó 432 estructuras de tierra en los vuelos, 396 de ellas inéditas, y proyectó para el conjunto de la región entre 24 y 30 mil, proponiendo para ella el nombre de civilización Aquiry y una población de 1,25 a 3 millones de personas entre el 100 y el 300 d. C.
La cifra impresiona y merece el cuidado que merece cualquier cifra así: viene de un modelo de densidad aplicado a estructuras cartografiadas, no de un conteo. Las estimaciones de población en arqueología dependen de cuántas personas se supone por unidad habitacional y de cuánto tiempo se supone que las unidades estuvieron ocupadas a la vez — dos supuestos que cambian el resultado en órdenes de magnitud. Lo que las estructuras sostienen con firmeza es la existencia y la extensión; la aritmética poblacional sigue en discusión.
El paraíso ilusorio
La tesis de Meggers es hoy minoritaria, pero descartarla por completo sería injusto e impreciso. La observación de base — que el suelo amazónico es pobre y la fertilidad está en la biomasa — sigue siendo correcta. Lo que cayó fue la inferencia: la de que una limitación ambiental determina el techo de complejidad social de quien vive en ella. La tierra negra es la contraprueba material.
El Dorado, Atlántida amazónica, civilización perdida avanzada
La tentación de leer estos hallazgos como confirmación de las ciudades doradas que buscaban los cronistas coloniales es comprensible y es un error. No hay oro, no hay mampostería, no hay escritura, no hay metalurgia de herramientas. Lo que existe es tierra movida a escala industrial, cerámica, caminos planificados y manejo forestal — cosas que los pueblos de allí hicieron con las técnicas que tenían, y que bastan.
La versión mística es menos interesante que el hecho, y causa un daño específico: transfiere a una civilización imaginaria y desaparecida el mérito que pertenece a los ancestros de pueblos que siguen vivos y siguen disputando la posesión de ese territorio.
07Cronología
- c. 500 a. C.Empieza la ocupación registrada en el valle del Upano, con las primeras plataformas de tierra.
- c. 100 – 300 d. C.Período al que el estudio de 2026 atribuye el auge poblacional del suroeste amazónico.
- c. 300 – 600 d. C.Abandono del valle del Upano, posiblemente asociado a la actividad del volcán Sangay.
- c. 500 – 1400 d. C.Florecimiento de la cultura Casarabe en los Llanos de Mojos, con Cotoca y Landívar.
- 1542La expedición de Francisco de Orellana baja por el río. Fray Gaspar de Carvajal describe orillas densamente pobladas.
- siglos XVI – XVIILas epidemias europeas suben por los ríos por delante de los europeos. Cuando llegan las expediciones siguientes, el paisaje humano ya es otro.
- 1971Betty Meggers publica Amazonia: Man and Culture in a Counterfeit Paradise (en español, Amazonia: hombre y cultura en un paraíso ilusorio). El modelo del paraíso ilusorio se vuelve dominante.
- 2003 y 2008Michael Heckenberger publica en Science el mapeo del Alto Xingu, que confirma en el suelo lo que la tradición kuikuro describía.
- mayo de 2022Prümers y su equipo publican en Nature el lidar de los Llanos de Mojos: Cotoca, Landívar y la plataforma de 22 metros.
- octubre de 2023Vinicius Peripato y sus colaboradores publican en Science el modelo que proyecta más de diez mil estructuras de tierra aún no localizadas.
- enero de 2024Rostain y su equipo publican en Science el valle del Upano: seis mil plataformas, 300 km² y una vía de 25 kilómetros.
- julio de 2026Pärssinen, Kalliola, Ranzi y su equipo publican en Nature la prospección del suroeste amazónico: 432 estructuras detectadas en vuelo y una proyección de 24 a 30 mil para la región.
08Lo que sigue abierto
Lo que reúne este dossier vino de una fracción mínima del área posible. La cuenca amazónica tiene más de seis millones de kilómetros cuadrados. La superficie barrida por lidar hasta hoy, sumando las prospecciones publicadas, no llega al uno por ciento — el estudio de 2026, uno de los mayores hasta ahora, cubrió unos 4.500 km² de vuelo sobre un área de interés de 183 mil.
La formulación honesta, por lo tanto, no es que se descubrieron las ciudades de la Amazonia. Es que se descubrieron las que estaban bajo los primeros tramos en que alguien apuntó el láser. Y en casi cada tramo donde apuntaron, encontraron algo.
En octubre de 2023, un equipo dirigido por Vinicius Peripato intentó estimar el tamaño de lo que falta. Combinando las prospecciones existentes con variables ambientales — temperatura, precipitación, tipo de suelo, distancia al agua —, el modelo proyectó entre diez y veinticuatro mil estructuras de tierra aún no localizadas, con un valor central de alrededor de dieciséis mil. Es una proyección estadística, con la incertidumbre que el propio intervalo declara. Pero el piso del intervalo ya es mayor que lo que se catalogó en un siglo de trabajo de campo.
Tres preguntas siguen abiertas, y ninguna por falta de tecnología. Cuántos eran — la aritmética poblacional depende de supuestos que cambian el resultado en órdenes de magnitud. Cómo se gobernaban — el trazado planificado y la obra colectiva indican autoridad, pero no dicen si era hereditaria, rotativa, religiosa o negociada, y no hay escritura que consultar. Por qué terminaron — en el Upano el volcán ofrece una explicación local; en Mojos y en el suroeste, el colapso es anterior al contacto europeo en buena parte de los sitios, y la causa sigue sin respuesta.
Lo que cambió definitivamente fue el punto de partida. La pregunta dejó de ser si había ciudades en la Amazonia y pasó a ser cuántas siguen bajo el noventa y nueve por ciento que nadie ha cartografiado.
09Preguntas frecuentes
¿Existieron ciudades perdidas en la Amazonia?
Las prospecciones por lidar muestran asentamientos planificados en el valle del Upano, en Ecuador, y en los Llanos de Mojos, en Bolivia, con plataformas, plazas, caminos rectos y canales. No son ciudades compactas a la manera europea: la lectura dominante es de urbanismo de baja densidad, con chacras, huertos y selva manejada entre los núcleos. Ver las teorías.
¿Cómo ve el lidar el suelo bajo la selva?
Una aeronave dispara cientos de miles de pulsos láser por segundo; una fracción pasa por los huecos de la copa, toca el suelo y vuelve. El programa descarta los retornos de la vegetación, guarda el último eco de cada pulso y arma el modelo del terreno sin la selva encima. Ver el láser que atraviesa el árbol.
¿Qué son los geoglifos de Acre?
Estructuras de tierra precoloniales del suroeste amazónico, identificadas donde la selva fue talada. En 2026, un estudio en Nature detectó 432 de ellas en los vuelos de lidar, 396 inéditas, y proyectó entre 24 y 30 mil para la región.
¿Por qué nadie vio estas ciudades antes?
Bajo el dosel la visibilidad en el suelo es de pocos metros, y una pirámide de tierra en clima tropical húmedo se convierte en una loma cubierta de monte. Quien llegó buscando mampostería anotó selva. Ver las pirámides que son de tierra.
¿Cuántas personas vivían en estas ciudades?
Está en disputa. Para el Upano, uno de los coautores estimó al menos 10 mil personas; para el suroeste amazónico, el estudio de 2026 propuso de 1,25 a 3 millones. Son cifras de modelo, no de conteo, y la aritmética poblacional sigue en discusión.
10Fuentes consultadas
Este dossier es un texto propio. Las fuentes de abajo se consultaron para verificar fechas, medidas y atribuciones; ninguna se reprodujo.
- Rostain, S.; Dorison, A.; de Saulieu, G.; Prümers, H.; Le Pennec, J.-L.; Mejía Mejía, F.; Freire, A. M.; Pagán-Jiménez, J. R.; Descola, P. — Two thousand years of garden urbanism in the Upper Amazon. Science 383(6679), enero de 2024. DOI 10.1126/science.adi6317
- Prümers, H.; Jaimes Betancourt, C.; Iriarte, J.; Robinson, M.; Schaich, M. — Lidar reveals pre-Hispanic low-density urbanism in the Bolivian Amazon. Nature 606, 25 de mayo de 2022. DOI 10.1038/s41586-022-04780-4
- Universidad de Bonn — comunicado Early urbanism found in the Amazon, 25 de mayo de 2022, sobre las prospecciones de Casarabe.
- Peripato, V. et al. — More than 10,000 pre-Columbian earthworks are still hidden throughout Amazonia. Science 382(6666), octubre de 2023. DOI 10.1126/science.ade2541
- Pärssinen, M.; Kalliola, R.; Ranzi, A. et al. — Over 20,000 precolonial earthworks in the Southwest Amazonia. Nature, publicado en línea el 29 de julio de 2026. DOI 10.1038/s41586-026-10835-7
- Heckenberger, M. J. et al. — Amazonia 1492: pristine forest or cultural parkland? Science 301(5640), septiembre de 2003. DOI 10.1126/science.1086112
- Heckenberger, M. J. et al. — Pre-Columbian urbanism, anthropogenic landscapes, and the future of the Amazon. Science 321(5893), agosto de 2008. DOI 10.1126/science.1159769
- Meggers, B. — Amazonia: Man and Culture in a Counterfeit Paradise, 1971; edición en español: Amazonia: hombre y cultura en un paraíso ilusorio, Siglo XXI. Es la tesis que este dossier contradice.
- Levis, C. et al. — Persistent effects of pre-Columbian plant domestication on Amazonian forest composition. Science 355(6328), marzo de 2017. DOI 10.1126/science.aal0157
- Koppe, M. — Des cités antiques en Amazonie. CNRS Le journal, 18 de enero de 2024, sobre las vías y las capas de erupción del valle del Upano.
- Rannard, G. — Huge ancient lost city found in the Amazon. BBC News, enero de 2024, sobre las plataformas, Kilamope y la vía de 25 km.
- Associated Press — reportaje sobre el mapeo de las ciudades del valle del Upano, con entrevista a Antoine Dorison sobre la población, 12 de enero de 2024.
- Wikipedia, artículo “Upano Valley sites”, en inglés, consultado en octubre de 2026, junto a las fuentes anteriores.